un paseo primaveral por Vilna

Vilna (en lituano Vilnius), es la capital de Lituania. Situada en un valle con colinas entre los ríos Vilnia y Neris, al sureste del país, Vilna es una ciudad con una riqueza histórica que comienza alrededor del siglo XIII.

La herencia de su pasado, que acoge la fuerte influencia polaca, se evidencia en su pintoresco centro histórico barroco, declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La tradición católica es evidente. Hay una gran cantidad de impresionantes y bellas iglesias católicas, tanto en el centro histórico como en otros barrios de esta ciudad. Así también, la huella soviética está aún presente en muchos de sus edificios públicos, en los barrios con la arquitectura de monobloques familiares, el transporte y, también, claro, la sociedad.

Eso sí, para las personas en busca de la bohemia y todo tipo de expresión artística, Vilna es una ciudad imperdible. Particularmente el de distrito de Užupis, un singular barrio bohemio situado justo al lado de la ciudad histórica.

Užupis, como comenté en este post, posee su propio gobierno, bandera, un ejército, autoridades (que bien pueden encontrarse en una esquina como músicos callejeros), y por supuesto también una constitución propia. De manera simbólica, o no, Užupis ofrece un ambiente para ver el mundo de manera diferente.

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en el bus desde el aeropuerto de Riga

Tomar el transporte público para ir del aeropuerto de Riga al centro de la ciudad tiene varias ventajas. Es barato (0.71 €), sale con bastante frecuencia, generalmente es puntual, el trayecto dura media hora y es bastante cómodo.

Pero además el bus puede servir como un espacio alternativo de información e interacción.

Es cierto que la gente en Letonia interactúa muy poco en el transporte público. Pero ayer, mientras regresaba del aeropuerto en el bus 22 y tras recibir una llamada de un amigo español, un pasajero de enfrente me dijo emocionado “¿eres español?”…

Ahmed, un tunecino con un formidable castellano que ahora vive en Dinamarca, me contó que estaría en Riga por 6 horas y me preguntó sobre algunos sitios de interés, cuánto creía que podría necesitar, cómo hacer para volver al aeropuerto, un café o restaurante “BBB” (bueno, bonito y barato)  y esos datos que los mapas turísticos normalmente no ofrecen.

Lo despedí en 11. novembra krasmala, la parada enfrente de la ciudad histórica. Espero que a pesar del clima otoñal que ya impera en el Báltico, lluvioso y gris, lo haya pasado bien.

Otro trotamundos más.